Muchos, quizá, hemos amado incondicionalmente a alguien. Incondicional y estúpidamente hemos amado a quien no nos ama de la misma manera. Alguien que al irse, se lleva parte de nuestro ser, parte de nuestra historia, parte de nuestra vida.
A veces, cometemos el error de medir quien entrega más o menos cariño, y comenzamos a cuantificar el amor, y cuando hacemos eso, vemos que hemos dado más de lo que debíamos. Y, a ese alguien a quien no debimos amar tanto, pero ciegamente lo hicimos, nos fue construyendo, día a día, una fantasía, un cuento, una historia con final feliz, donde todo era color de rosa, con olor a flores y el sol brillando a diario. Lo que no sabíamos, era que ese cuento estaba escrito con ilusiones que se iba rompiendo lentamente, sin darnos cuenta.
Pero el cuento no termina ahí, cada uno comienza de cero, sólo que alguien no tiene donde caminar otra vez, porque todo lo que tenía se fue con ese amor que no se borrará fácilmente de su corazón. Y es así como desaparecemos de la vida del otro, es así como uno lucha por hacerlo (o hacerla) desaparecer, y como mala hierba del campo, aparece, como queriéndonos decir: "hagas lo que hagas nunca podrás borrarme"
Se me viene a la cabeza la canción "El me mintió", de Amanda Miguel, donde claramente se puede llegar a comprender lo que se siente cuando no te quisieron de verdad.
¿Nos devolverán ese pedazo de vida arrancada?, ¿Es posible volver a amar incondicionalmente?
Sólo puedo terminar esta nota diciendo que la vida, tarde o temprano, se encarga de dar las respuestas a estos porqués que ahora perforan las fibras de nuestro ser.