Llegaste a mi vida sin buscarte, te quedaste algunos meses y te fuiste sin decir nada, dejándome atada a la soledad, a la incertidumbre. Nunca más supe de ti y tú nunca más quisiste saber de mi. No sé donde estás, que haces o que piensas. Llegaste a mi vida cuando no te necesitaba. Nuestros caminos se cruzaron, cuando no estaban destinados a hacerlo. Vi en tu mirada honestidad, mas no vi que detrás se escondía la mentira. Vi en tu sonreír una esperanza, mas solo había tristeza. Oí palabras dulces, que después se convirtieron en amargas letras llenas de dolor.
Te esperé, esperé que volvieras, pero solo fue la ilusión, como agua en el desierto.
Pienso en ti cada noche, mientras toco la guitarra y te canto una canción. No quiero ni deseo quererte, pero tu recuerdo sigue vivo en mi, en mi alma. Eres ese inquilino no deseado, al que no se sabe como echar.
Estas impregnado en mi corazón, tu sonrisa, tu mirada, tu voz, están ahí, me destruyen.
Le pido a Dios que rompa las raíces que dejaste en mi, que desgarre todo recuerdo, que me arranque este corazón, este corazón que un día fue morada de una ilusión.
viernes, 29 de noviembre de 2019
jueves, 21 de noviembre de 2019
¿Nosotras complicadas?
Siempre, desde siempre, que he escuchado "las mujeres son complicadas", "las mujeres no saben lo que quieren", bla, bla, bla. Tantas veces nos metimos esas frases en la cabeza, convirtiéndolas en creencias, en realidades, culpándonos, tantas veces por relaciones fallidas. A mis 33 años ya no me las creo ni son parte de mis creencias. He visto amigas llorar, a mis hermanas, yo misma, lamentándonos por ese supuesto príncipe encantado que al final del día nos deja por otro camino, pensando en qué hicimos mal. Hoy, ahora ya, después de investigar, estudiar arduamente al ser masculino, junto a los más serios estudios realizados por Harvard, me atrevo a decir, sin pelos en la lengua, que son ellos los complicados, que son ellos los que no saben lo que quieren, ¡los que necesitan ir a terapia! My gosh! si fuera psicóloga los atiendo gratis. Realmente no los entiendo, no sé que quieren, por que caballeros, la cenicienta ya se ha emancipado y no está para hacerles nanai como lo hacía la mamá. Tengo amigos cercanos que salen un día con una galla genial, les pregunto qué onda y me dicen. "amm, no sé", "me tinca pero no", "es que escucha a Luis Miguel", "es que me habla mucho" ¡Señores, no se quejen! Nosotras a veces somos indecisas, si, pero igual vamos a la batalla, nos damos la oportunidad, tratamos de arreglar las cosas, pero ustedes... a la primera trinchera arrancan como soldado raso. Mi amiga Celeste conoció a un tipo tierno como peluche de la Cathy Barriga, la llenaba de elogios y mensajes más románticos que Luis Fonsi. Pasó una semana y el muy le dice "no eres tú, soy yo" ¡Valor! Y sin decir nada más, desapareció como la plata en la AFP. Realmente necesito el libro negro de cómo entender a los hombres, porque esa leyenda de que eran básicos ya no me la creo. Básico y simple sería hacer un Strogonoff. Y amiga, que estás leyendo esto, la próxima vez que un hombre te diga "no eres tú, soy yo" créele, que de verdad no eres tú, es él.
lunes, 18 de noviembre de 2019
La perseverante
Hace algún tiempo atrás le dedicaba un espacio al jote y al señor avispa (pueden buscarlo en los posts anteriores) y en esta ocasión les quiero hablar de un personaje femenino (que también puede ser masculino) a la que llamo "la perseverante". Mucho tiempo la llamé la gusana, o también más conocida como la arrastrada. Nos han dicho desde siempre que no hay que arrastrarse si no te pescan, que no hay que buscar, que no hay que insistir. ¿Estaríamos en lo correcto?, ¿cuál es el límite de dar pena y de ser jugada? Hoy me lo cuestiono, porque aquella gusana se ganó todo mi respeto, ¿porqué? por que en su insistencia odiada por el otro ser, logró su cometido, y pronto será la señora del otro ser. Hoy la admiro, porque tuvo la valentía, la voluntad de ser constante, ¡a pesar de que le cerraran la puerta en la cara! El otro ser arrancaba de ella, se escondía y hoy la ama. Yo los miro y digo "son tal para cual" y si la perseverante no hubiera sido gusana a la vez, no estarían juntos... ¡y es que deben estarlo! Son el uno para el otro. ¿Cuántas oportunidades habremos desaprovechado por ese orgullo del "amor propio"?, ¿ser jugada o arrastrada?, ¿cuál es la diferencia? Yo no tengo idea y sinceramente mi amor propio que tanto me dicen mis amigas que debo poner por encima de todo, me tiene acá sola, pensando en si había alguien por quien ser perseverante. También conozco el caso de el perseverante, de el gusano, el cual hoy está casado con la imposible y ya tienen su primer hijo. Si antes eran causales de risa para mi, hoy los admiro, y es que yo no sé si tendría esa valentía, o si existe el otro por el cual ser perseverante. Una vez creí que si y todo terminó mal, conmigo muerta en vida. Una segunda vez también lo creí, pero ya había resucitado. En este momento puede que haya un tercero, que me da la paz interior que antes no tenía. No creo nunca llegar a ser la perseverante.
domingo, 10 de noviembre de 2019
La misma piedra
La última vez que escribí fue en el 2015, tenía 29 años...ahora tengo 33 y seguimos con las mismas historias de corazones rotos. En estos cuatro años han pasado muchas cosas. Mis hermanos se casaron, incluyendo al don Juan, que hoy anda con cara de baboso por su señora, lo cual me parece maravilloso, ya que los hombres en general se ponen babosos por una cerveza o un dron. Varias de mis amigas también se han casado y bien poco sé de ellas. Sé que cambiaron el spa por pañales y talco. Tengo otras amigas que no han tomado el tren del compromiso y que no les complica en lo absoluto. De alguna manera, yo también he seguido ese camino. Algunas me miran con lastima por no encontrar al príncipe encantado. Es como que ser soltera a esta edad fuera un pecado mortal, una falta al orden natural de las cosas... yo no lo creo así, o por lo menos así es como ido procesando esta maldición que algún ex picado me dejó. Estoy segura de que Bruno, mi ex del colegio, me tiró mal de ojo, ya que después de esa larga y tortuosa relación de cuatro años, nunca jamás volví a tener algo estable. O quizá no fue la maldición, quizá ha sido encontrarme con hombres inestables emocionalmente, que no saben lo que quieren ni hacia donde van. Y así ha sido todo este tiempo, tropezar una y otra vez con la misma piedra, decir que no volverá a pasar y comerme mis palabras.
Por lo menos, habrá mucho material que leer por los próximos mil años.
Por lo menos, habrá mucho material que leer por los próximos mil años.
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