jueves, 19 de diciembre de 2019

El chico malo

¿Es cierto eso de que a las mujeres nos gustan los chicos malos? Esos estilos James Dean o John Travolta (en Grease), esos que nos ignoran y nos buscan al mismo tiempo. Esos que nos dicen que van por la vida libre como pájaros, que no tienen dueña y bla, bla, bla. Ese chico malo es rebelde por naturaleza, tienen una historia de vida con alguna carencia afectiva de alguno de sus padres, de límites o de alguna cosa en la que necesariamente necesitan ir a terapia. Es aquel que no te contesta los mensajes o que constantemente te dice que no están en nada. Y por algún motivo, digno de terapia para nosotras también, nos gusta ese chico malo, y lo cuidamos y lo queremos sanar y sentirnos la salvadora, la mujer que lo transformó. Y ahí un primer gran error, apenas nos la podemos con nuestros propios rollos y queremos andar desenrollando al chico malo, que claramente no toma en cuenta ninguno de nuestros amorosos detalles hacia ellos. Pensamos día y noche en ellos, les dedicamos canciones, les mandamos memes, hasta les cocinamos (las que son dotadas en las artes culinarias, cosa en la que yo no soy miembro). Yo creo que debe haber más de alguna que le han bajado la luna... yo a lo más he regalado una taza. ¿Y porqué nos atraen? ¿Por su constante ignorarnos?, ¿porque estamos de patio?, ¿porque nos dan una emoción y locura que el bueno no lo da por ser tan plano y fome en su vida?, ¿porqué nos imaginamos que un día nos vendrá a buscar en una moto y nos llevará a recorrer el mundo?  En fin, el chico malo no va a cambiar porque lleguemos nosotras como hadas madrinas a ordenarles la vida, el chico malo no está dispuesto a asumir un compromiso marital con nosotras. El chico malo solo dejará de serlo el día en que madure, o sea, el día en que deje de ser un pastel. Termino con una frase que me encanta y que probablemente me diré todos los días "amiga, date cuenta"

jueves, 5 de diciembre de 2019

Ana y Luis

Ana conoció a Luis una brillante tarde de verano, cuando todo se detenía al momento de mirarse. El sonreía nervioso, ella lo miraba sintiendo latir su corazón. Compartieron un helado, una conversación, risas y momentos. Cerraron ese día con un beso, que iba a ser el primero de muchos, pero finalmente terminó por ser el último.
Pasaron los días y ella estaba feliz, su corazón roto volvía a sentirse vivo, ilusionado. El, al principio fue atento y cariñoso, terminó por estar distante y callado. Aceptaron un amor sin compromiso, un estar juntos sin etiquetas, pero Ana no sabía el daño que eso le iba hacer. Todos los días ella imaginaba a Luis coqueteando con otras, buscando conocer a otras. Ana sería solo el pasatiempo de Luis. 
Ella comenzaba a quererlo, con sus defectos, con sus diferencias. Veía en sus ojos el dolor de su pasado y solo quería estar ahí, para curar sus heridas. Él, por otro lado, dejaría cicatrices de dolor en su ser.
Llegó el día en que todo se acabó. Lo que comenzó con una sonrisa terminó en llantos y peleas. Ella lo dio todo, luchó hasta el final, incluso llegó a pedir perdón cuando sólo a él le correspondía. Él la eliminó de su vida, rompiendo en mil pedazos su corazón. Sin decir nada, él se fue y no volvió, porque nunca la quiso, nunca lamentó el haberla hecho llorar.
Ella mira todos los días por su ventana, esperando que Luis regrese. Él no volverá, él decidió buscar placer en otros brazos.
Para Luis, Ana no fue más que una aventura, para Ana, Luis fue un gran amor.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Aprender a estar solos

Existen personas que no pueden estar solas, que necesitan estar constantemente con alguien, en una relación. Esas personas podemos ser tu y yo. Personas que temen estar solas, que temen salir un fin de semana sin compañía y prefieren quedarse en casa viendo netflix, personas que necesitan de esa conversación diaria, a quien contarle lo que comió o la rabia que tuvo por algo. Personas que necesitan sentirse queridas, porque quizá no son capaz de quererse a si mismas. Personas necesitan ese abrazo, ese beso, de aquel que quizá ni las quieren y solo están con ellas por estar, por pasarlo bien, para no estar solos.
La gente se enfrasca en relaciones tóxicas, relaciones sin compromiso, para escapar de la soledad que si necesitamos, que si nos acompaña. Mujeres y hombres aceptan ser humillados con tal de que no los dejen. Temen perder a ese amor, porque les falta su propio amor. Hombres y mujeres que aceptan relaciones en donde la otra persona quiere también salir con otras personas a la vez, y aceptan para no perder a alguien que les da lo que ellos mismos deberían darse... amor, cariño, compañía, el disfrutar  con uno mismo.
Las relaciones de pareja se construyen de a dos, pero hay una que va antes, que es la relación con nuestro ser, con nosotros mismos, y esa es de a una, sin ningún andante, sin ningún pinche de turno.
No dependas de otro para sentirte pleno, plena. No dependas de otro para sentirte querida, querido.
El primer amor siempre serás tú, pero para conocerlo debes aprender a estar solo y no morir en el intento.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Que me arranquen el corazón

Llegaste a mi vida sin buscarte, te quedaste algunos meses y te fuiste sin decir nada, dejándome atada a la soledad, a la incertidumbre. Nunca más supe de ti y tú nunca más quisiste saber de mi. No sé donde estás, que haces o que piensas. Llegaste a mi vida cuando no te necesitaba. Nuestros caminos se cruzaron, cuando no estaban destinados a hacerlo. Vi en tu mirada honestidad, mas no vi que detrás se escondía la mentira. Vi en tu sonreír una esperanza, mas solo había tristeza. Oí palabras dulces, que después se convirtieron en amargas letras llenas de dolor.
Te esperé, esperé que volvieras, pero solo fue la ilusión, como agua en el desierto.
Pienso en ti cada noche, mientras toco la guitarra y te canto una canción. No quiero ni deseo quererte, pero tu recuerdo sigue vivo en mi, en mi alma. Eres ese inquilino no deseado, al que no se sabe como echar.
Estas impregnado en mi corazón, tu sonrisa, tu mirada, tu voz, están ahí, me destruyen.
Le pido a Dios que rompa las raíces que dejaste en mi, que desgarre todo recuerdo, que me arranque este corazón, este corazón que un día fue morada de una ilusión.

jueves, 21 de noviembre de 2019

¿Nosotras complicadas?

Siempre, desde siempre, que he escuchado "las mujeres son complicadas", "las mujeres no saben lo que quieren", bla, bla, bla. Tantas veces nos metimos esas frases en la cabeza, convirtiéndolas en creencias, en realidades, culpándonos, tantas veces por relaciones fallidas. A mis 33 años ya no me las creo ni son parte de mis creencias. He visto amigas llorar, a mis hermanas, yo misma, lamentándonos por ese supuesto príncipe encantado que al final del día nos deja por otro camino, pensando en qué hicimos mal. Hoy, ahora ya, después de investigar, estudiar arduamente al ser masculino, junto a los más serios estudios realizados por Harvard, me atrevo a decir, sin pelos en la lengua, que son ellos los complicados, que son ellos los que no saben lo que quieren, ¡los que necesitan ir a terapia! My gosh! si fuera psicóloga los atiendo gratis. Realmente no los entiendo, no sé que quieren, por que caballeros, la cenicienta ya se ha emancipado y no está para hacerles nanai como lo hacía la mamá. Tengo amigos cercanos que salen un día con una galla genial, les pregunto qué  onda y me dicen. "amm, no sé", "me tinca pero no", "es que escucha a Luis Miguel", "es que me habla mucho" ¡Señores, no se quejen! Nosotras a veces somos indecisas, si, pero igual vamos a la batalla, nos damos la oportunidad, tratamos de arreglar las cosas, pero ustedes... a la primera trinchera arrancan como soldado raso. Mi amiga Celeste conoció a un tipo tierno como peluche de la Cathy Barriga, la llenaba de elogios y mensajes más románticos que Luis Fonsi. Pasó una semana y el muy le dice "no eres tú, soy yo" ¡Valor! Y sin decir nada más, desapareció como la plata en la AFP. Realmente necesito el libro negro de cómo entender a los hombres, porque esa leyenda de que eran básicos ya no me la creo. Básico y simple sería hacer un Strogonoff. Y amiga, que estás leyendo esto, la próxima vez que un hombre te diga "no eres tú, soy yo" créele, que de verdad no eres tú, es él.

lunes, 18 de noviembre de 2019

La perseverante

Hace algún tiempo atrás le dedicaba un espacio al jote y al señor avispa (pueden buscarlo en los posts anteriores) y en esta ocasión les quiero hablar de un personaje femenino (que también puede ser masculino) a la que llamo "la perseverante". Mucho tiempo la llamé la gusana, o también más conocida como la arrastrada. Nos han dicho desde siempre que no hay que arrastrarse si no te pescan, que no hay que buscar, que no hay que insistir. ¿Estaríamos en lo correcto?, ¿cuál es el límite de dar pena y de ser jugada? Hoy me lo cuestiono, porque aquella gusana se ganó todo mi respeto, ¿porqué? por que en su insistencia odiada por el otro ser, logró su cometido, y pronto será la señora del otro ser. Hoy la admiro, porque tuvo la valentía, la voluntad de ser constante, ¡a pesar de que le cerraran la puerta en la cara! El otro ser arrancaba de ella, se escondía y hoy la ama. Yo los miro y digo "son tal para cual" y si la perseverante no hubiera sido gusana a la vez, no estarían juntos... ¡y es que deben estarlo! Son el uno para el otro. ¿Cuántas oportunidades habremos desaprovechado por ese orgullo del "amor propio"?, ¿ser jugada o arrastrada?, ¿cuál es la diferencia? Yo no tengo idea y sinceramente mi amor propio que tanto me dicen mis amigas que debo poner por encima de todo, me tiene acá sola, pensando en si había alguien por quien ser perseverante. También conozco el caso de el perseverante, de el gusano, el cual hoy está casado con la imposible y ya tienen su primer hijo. Si antes eran causales de risa para mi, hoy los admiro, y es que yo no sé si tendría esa valentía, o si existe el otro por el cual ser perseverante. Una vez creí que si y todo terminó mal, conmigo muerta en vida. Una segunda vez también lo creí, pero ya había resucitado. En este momento puede que haya un tercero, que me da la paz interior que antes no tenía. No creo nunca llegar a ser la perseverante.

domingo, 10 de noviembre de 2019

La misma piedra

La última vez que escribí fue en el 2015, tenía 29 años...ahora tengo 33 y seguimos con las mismas historias de corazones rotos. En estos cuatro años han pasado muchas cosas. Mis hermanos se casaron, incluyendo al don Juan, que hoy anda con cara de baboso por su señora, lo cual me parece maravilloso, ya que los hombres en general se ponen babosos por una cerveza o un dron. Varias de mis amigas también se han casado y bien poco sé de ellas. Sé que cambiaron el spa por pañales y talco. Tengo otras amigas que no han tomado el tren del compromiso y que no les complica en lo absoluto. De alguna manera, yo también he seguido ese camino. Algunas me miran con lastima por no encontrar al príncipe encantado. Es como que ser soltera a esta edad fuera un pecado mortal, una falta al orden natural de las cosas... yo no lo creo así, o por lo menos así es como ido procesando esta maldición que algún ex picado me dejó. Estoy segura de que Bruno, mi ex del colegio, me tiró mal de ojo, ya que después de esa larga y tortuosa relación de cuatro años, nunca jamás volví a tener algo estable. O quizá no fue la maldición, quizá ha sido encontrarme con hombres inestables emocionalmente, que no saben lo que quieren ni hacia donde van. Y así ha sido todo este tiempo, tropezar una y otra vez con la misma piedra, decir que no volverá a pasar y comerme mis palabras.
Por lo menos, habrá mucho material que leer por los próximos mil años.

sábado, 15 de agosto de 2015

El invierno que mata

Creo que el invierno dejó de ser mi época del año favorita. Si antes la disfrutaba, ahora solo quiero que se vaya rápido. ¿Por qué? Porque el invierno rompe mi corazón, enfría mis sentimientos, moja mi felicidad. No digo que no sea feliz, lo soy,  mucho, pero hay cosas que empañan los colores, y es porque al invierno no le gustan los colores.
Este invierno nuevamente rompe mi corazón, y no sé cuando lo parará de hacer.

Lo conocí sin saberlo, no lo esperaba, sólo llegó. Nunca pensé que llegaría  a ser alguien importante en mi vida. Son las cosas raras que no entendemos hasta que pasan años. Que increíble nuestra capacidad humana para esperar largos tiempos para poder comprender una situación. ¿Será que antes estamos como ciegos, sin poder ver?
Llegó, se quedó, se fue. Pensé que no me importaría, pensé que el tiempo medía una relación. Había olvidado que existe la calidad, que es superior al tiempo.
En mi cabeza sólo dan vuelta pensamientos de incertidumbre, que no saben a donde ir. No los quiero acá, pero se agarran fuerte, dejando heridas. Si dos personas se quieren, ¿por qué no deben estar juntas? El terminó el muro que yo comencé a construir. Ese muro fue el que nos separó, fuimos los dos albañiles del fin.

El invierno saca lágrimas. El y yo nos miramos a los ojos, con esa mirada profunda de dos personas que se quieren pero que deben decirse adiós para siempre. El y yo lloramos, con lágrimas que dicen adiós para siempre. Nos abrazamos fuerte, largo, como dos viajeros que saben que jamás volverán a encontrarse en ese tren. De fondo sonaba un violín, y me acordé de esas películas románticas en donde los protagonistas deben separarse para siempre, porque no están destinados a estar juntos.

El y yo somos protagonistas de una historia que ya terminó. El invierno se la llevó. El viento susurrará su nombre y la lluvia terminará de callarlo para siempre.

lunes, 11 de mayo de 2015

Preguntas sin respuestas.

Ha pasado un año desde que nos conocimos, y meses desde que terminamos una relación que no sé si realmente fue algo así. Y un tiempo desde que te saqué de mi vida por completo. El duelo aún sigue, no porque te quiera, sino por que hay preguntas sin respuestas. Repuestas que nunca verán la luz hasta que algún día madures. Ya no espero nada de ti, absolutamente nada. Me defraudaste, me hiciste creer cosas que nunca fueron ciertas. Eso es lo que me duele, más que tu ausencia, es no saber que querías, que buscabas conmigo. Yo sólo fui la mujer con la que te divertías y nada más. ¿Qué fuiste para mi? En un momento pensé que lo sabía, ya no sé. Ahora sólo tengo claro que no quiero tenerte en mi memoria, no te quiero en mis recuerdos, no te quiero como pasado, ni como presente. 
La luz del otoño cubre mi sonrisa, apaga mi mirar, las hojas secas caen como los pedazos de mi corazón. No te amo, no te quiero, sólo es la desilusión la que habita en mi interior como fantasma que no sabe por donde va. Mi vida no ha terminado con tu partida, no he perdido como mujer por dejarte ir, he comenzado un nuevo camino, una nueva historia, en donde sólo eres parte de algo que nunca jamás volveré a vivir. 
En estos días he pensado en ti, he recordado esas risas, esos momentos de alegría, pero debo enseñarle a mi alma que no te debe extrañar, sólo se ama en la verdad, jamás en la mentira.
Tú ni siquiera sabes como me siento, porque tu egoísmo te lleva sólo a pensar en tu propia felicidad.
No sé si quiera volver a verte, no sé si quiera mirar tus ojos oscuros, en donde escondes la verdad de tu ser. 
No tengo que perdonarte nada, ni pedirte perdón. Sólo me gustaría que algún día me mires a los ojos y me hables con la verdad, con esa verdad con la que siempre te hablé.


sábado, 14 de junio de 2014

El último beso

En las películas románticas siempre hay algunos finales que nos parten el alma, esas en donde los personajes deben separarse para siempre. Y nosotras suspiramos, lloramos, no comprendemos el porque de su separación. 
Hoy les quiero hablar de un final que desde un principio tuvo un fin, pero aún así su protagonista estaba decidida a dar la lucha, confiada en que le doblaría la mano al destino. Pensó que era el indicado, pensó que sería para siempre, pensó que tendría su final feliz. El no sabía lo que quería, pero disfrutaba los momentos con ella. Ambos aprendieron mucho de cada uno, ambos eran tan distintos pero iguales a la vez. Eran un engranaje perfecto, que al final de la última vuelta se rompe para no funcionar nunca más. Así fue como llegó el final, sin quererlo, sin esperarlo, un error y todo cambió, un error cometido por su impulsividad descontrolada, propia de su espíritu libre. Ese error los separó para siempre. 
Fue la despedida más larga que tuvo, ambos no se querían separar, pero el destino venía a buscarlo en un tren del olvido, que jamás regresaría a la estación. 
Se abrazaron sin querer separarse, se miraron sin decir nada, se besaron, por última vez.
Ese fue su final, su final para siempre, porque ese final no es de película romántica, ese final es de la vida real, donde amar duele, donde el corazón se rompe una y otra vez, donde olvidar cuesta, donde otros le dirán que ya pasará, pero ella sabe que no es así, ese final en donde los protagonistas no se vuelven a encontrar. 
Ese fue su final, ese fue su último beso.