lunes, 18 de noviembre de 2019
La perseverante
Hace algún tiempo atrás le dedicaba un espacio al jote y al señor avispa (pueden buscarlo en los posts anteriores) y en esta ocasión les quiero hablar de un personaje femenino (que también puede ser masculino) a la que llamo "la perseverante". Mucho tiempo la llamé la gusana, o también más conocida como la arrastrada. Nos han dicho desde siempre que no hay que arrastrarse si no te pescan, que no hay que buscar, que no hay que insistir. ¿Estaríamos en lo correcto?, ¿cuál es el límite de dar pena y de ser jugada? Hoy me lo cuestiono, porque aquella gusana se ganó todo mi respeto, ¿porqué? por que en su insistencia odiada por el otro ser, logró su cometido, y pronto será la señora del otro ser. Hoy la admiro, porque tuvo la valentía, la voluntad de ser constante, ¡a pesar de que le cerraran la puerta en la cara! El otro ser arrancaba de ella, se escondía y hoy la ama. Yo los miro y digo "son tal para cual" y si la perseverante no hubiera sido gusana a la vez, no estarían juntos... ¡y es que deben estarlo! Son el uno para el otro. ¿Cuántas oportunidades habremos desaprovechado por ese orgullo del "amor propio"?, ¿ser jugada o arrastrada?, ¿cuál es la diferencia? Yo no tengo idea y sinceramente mi amor propio que tanto me dicen mis amigas que debo poner por encima de todo, me tiene acá sola, pensando en si había alguien por quien ser perseverante. También conozco el caso de el perseverante, de el gusano, el cual hoy está casado con la imposible y ya tienen su primer hijo. Si antes eran causales de risa para mi, hoy los admiro, y es que yo no sé si tendría esa valentía, o si existe el otro por el cual ser perseverante. Una vez creí que si y todo terminó mal, conmigo muerta en vida. Una segunda vez también lo creí, pero ya había resucitado. En este momento puede que haya un tercero, que me da la paz interior que antes no tenía. No creo nunca llegar a ser la perseverante.
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