Ha pasado un año desde que nos conocimos, y meses desde que terminamos una relación que no sé si realmente fue algo así. Y un tiempo desde que te saqué de mi vida por completo. El duelo aún sigue, no porque te quiera, sino por que hay preguntas sin respuestas. Repuestas que nunca verán la luz hasta que algún día madures. Ya no espero nada de ti, absolutamente nada. Me defraudaste, me hiciste creer cosas que nunca fueron ciertas. Eso es lo que me duele, más que tu ausencia, es no saber que querías, que buscabas conmigo. Yo sólo fui la mujer con la que te divertías y nada más. ¿Qué fuiste para mi? En un momento pensé que lo sabía, ya no sé. Ahora sólo tengo claro que no quiero tenerte en mi memoria, no te quiero en mis recuerdos, no te quiero como pasado, ni como presente.
La luz del otoño cubre mi sonrisa, apaga mi mirar, las hojas secas caen como los pedazos de mi corazón. No te amo, no te quiero, sólo es la desilusión la que habita en mi interior como fantasma que no sabe por donde va. Mi vida no ha terminado con tu partida, no he perdido como mujer por dejarte ir, he comenzado un nuevo camino, una nueva historia, en donde sólo eres parte de algo que nunca jamás volveré a vivir.
En estos días he pensado en ti, he recordado esas risas, esos momentos de alegría, pero debo enseñarle a mi alma que no te debe extrañar, sólo se ama en la verdad, jamás en la mentira.
Tú ni siquiera sabes como me siento, porque tu egoísmo te lleva sólo a pensar en tu propia felicidad.
No sé si quiera volver a verte, no sé si quiera mirar tus ojos oscuros, en donde escondes la verdad de tu ser.
No tengo que perdonarte nada, ni pedirte perdón. Sólo me gustaría que algún día me mires a los ojos y me hables con la verdad, con esa verdad con la que siempre te hablé.