sábado, 15 de agosto de 2015

El invierno que mata

Creo que el invierno dejó de ser mi época del año favorita. Si antes la disfrutaba, ahora solo quiero que se vaya rápido. ¿Por qué? Porque el invierno rompe mi corazón, enfría mis sentimientos, moja mi felicidad. No digo que no sea feliz, lo soy,  mucho, pero hay cosas que empañan los colores, y es porque al invierno no le gustan los colores.
Este invierno nuevamente rompe mi corazón, y no sé cuando lo parará de hacer.

Lo conocí sin saberlo, no lo esperaba, sólo llegó. Nunca pensé que llegaría  a ser alguien importante en mi vida. Son las cosas raras que no entendemos hasta que pasan años. Que increíble nuestra capacidad humana para esperar largos tiempos para poder comprender una situación. ¿Será que antes estamos como ciegos, sin poder ver?
Llegó, se quedó, se fue. Pensé que no me importaría, pensé que el tiempo medía una relación. Había olvidado que existe la calidad, que es superior al tiempo.
En mi cabeza sólo dan vuelta pensamientos de incertidumbre, que no saben a donde ir. No los quiero acá, pero se agarran fuerte, dejando heridas. Si dos personas se quieren, ¿por qué no deben estar juntas? El terminó el muro que yo comencé a construir. Ese muro fue el que nos separó, fuimos los dos albañiles del fin.

El invierno saca lágrimas. El y yo nos miramos a los ojos, con esa mirada profunda de dos personas que se quieren pero que deben decirse adiós para siempre. El y yo lloramos, con lágrimas que dicen adiós para siempre. Nos abrazamos fuerte, largo, como dos viajeros que saben que jamás volverán a encontrarse en ese tren. De fondo sonaba un violín, y me acordé de esas películas románticas en donde los protagonistas deben separarse para siempre, porque no están destinados a estar juntos.

El y yo somos protagonistas de una historia que ya terminó. El invierno se la llevó. El viento susurrará su nombre y la lluvia terminará de callarlo para siempre.

lunes, 11 de mayo de 2015

Preguntas sin respuestas.

Ha pasado un año desde que nos conocimos, y meses desde que terminamos una relación que no sé si realmente fue algo así. Y un tiempo desde que te saqué de mi vida por completo. El duelo aún sigue, no porque te quiera, sino por que hay preguntas sin respuestas. Repuestas que nunca verán la luz hasta que algún día madures. Ya no espero nada de ti, absolutamente nada. Me defraudaste, me hiciste creer cosas que nunca fueron ciertas. Eso es lo que me duele, más que tu ausencia, es no saber que querías, que buscabas conmigo. Yo sólo fui la mujer con la que te divertías y nada más. ¿Qué fuiste para mi? En un momento pensé que lo sabía, ya no sé. Ahora sólo tengo claro que no quiero tenerte en mi memoria, no te quiero en mis recuerdos, no te quiero como pasado, ni como presente. 
La luz del otoño cubre mi sonrisa, apaga mi mirar, las hojas secas caen como los pedazos de mi corazón. No te amo, no te quiero, sólo es la desilusión la que habita en mi interior como fantasma que no sabe por donde va. Mi vida no ha terminado con tu partida, no he perdido como mujer por dejarte ir, he comenzado un nuevo camino, una nueva historia, en donde sólo eres parte de algo que nunca jamás volveré a vivir. 
En estos días he pensado en ti, he recordado esas risas, esos momentos de alegría, pero debo enseñarle a mi alma que no te debe extrañar, sólo se ama en la verdad, jamás en la mentira.
Tú ni siquiera sabes como me siento, porque tu egoísmo te lleva sólo a pensar en tu propia felicidad.
No sé si quiera volver a verte, no sé si quiera mirar tus ojos oscuros, en donde escondes la verdad de tu ser. 
No tengo que perdonarte nada, ni pedirte perdón. Sólo me gustaría que algún día me mires a los ojos y me hables con la verdad, con esa verdad con la que siempre te hablé.