sábado, 14 de junio de 2014

El último beso

En las películas románticas siempre hay algunos finales que nos parten el alma, esas en donde los personajes deben separarse para siempre. Y nosotras suspiramos, lloramos, no comprendemos el porque de su separación. 
Hoy les quiero hablar de un final que desde un principio tuvo un fin, pero aún así su protagonista estaba decidida a dar la lucha, confiada en que le doblaría la mano al destino. Pensó que era el indicado, pensó que sería para siempre, pensó que tendría su final feliz. El no sabía lo que quería, pero disfrutaba los momentos con ella. Ambos aprendieron mucho de cada uno, ambos eran tan distintos pero iguales a la vez. Eran un engranaje perfecto, que al final de la última vuelta se rompe para no funcionar nunca más. Así fue como llegó el final, sin quererlo, sin esperarlo, un error y todo cambió, un error cometido por su impulsividad descontrolada, propia de su espíritu libre. Ese error los separó para siempre. 
Fue la despedida más larga que tuvo, ambos no se querían separar, pero el destino venía a buscarlo en un tren del olvido, que jamás regresaría a la estación. 
Se abrazaron sin querer separarse, se miraron sin decir nada, se besaron, por última vez.
Ese fue su final, su final para siempre, porque ese final no es de película romántica, ese final es de la vida real, donde amar duele, donde el corazón se rompe una y otra vez, donde olvidar cuesta, donde otros le dirán que ya pasará, pero ella sabe que no es así, ese final en donde los protagonistas no se vuelven a encontrar. 
Ese fue su final, ese fue su último beso. 

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